jueves, 12 de octubre de 2017

Noción: Causa eficiente y ser necesario.



Noción: Causa eficiente primera y ser necesario

Esta demostración es conocida como Vía de la causalidad y, al igual que la del movimiento, es de clara filiación aristotélica. Parte de la experiencia sensible del  orden causal que existe en la naturaleza y remite al principio de causalidad: todo efecto tiene una causa. En la serie causal concatenada de causas y efectos, debe haber una primera causa incausada que evite el tener que proceder hasta el infinito; lo cual sería absurdo. Por tanto, debe existir una causa primera que no es efecto de ninguna otra. Esta causa es Dios. La noción de “ser necesario” constituye la base de la tercera de las demostraciones de la existencia de Dios o Vía de la necesidad. La contingencia del mundo exige la existencia de un ser necesario o Dios.

La doctrina de las cuatro causas es un intento de determinar qué significa conocer un hecho, ser o acontecimiento. Conocer consiste en señalar dichas cuatro causas: eficiente o sujeto que produce, formal, que atiende a la forma (accidental o esencia), final o teleológica, que remite al objetivo o finalidad y material, relacionada con la composición. Causa formal es la esencia. Es lo que determina algo y lo hace ser lo que es. La causa formal es la forma específica, propia de la especie. La causa final es una especie de meta que opera dirigiendo todo el proceso, como un objetivo o un ideal; considerada de esta manera, la 'forma' constituye el FIN hacia el que el individuo se orienta. La causa material es el substrato, la condición pasiva, pero necesaria, que recibe la forma y se mantiene a través del cambio. Significa potencia, posibilidad de llegar a ser, algo no realizado y, por tanto, imperfecto. La causa eficiente es el motor o estimulo que desencadena el proceso de desarrollo. Es el principio de donde proviene el movimiento. Mientras la causa final marca la meta (adelante), la causa eficiente opera desde atrás, haciendo posible la cosa. Pero Aristóteles no habla de causa eficiente y tampoco utiliza el razonamiento para demostrar la existencia de Dios. Fueron Avicena y Alberto Magno quienes utilizaron el razonamiento para demostrar la existencia de Dios. Santo Tomás sigue especialmente de cerca al primero de ellos.

En esta segunda vía se trata de constatar que hay un orden de causas eficientes en la naturaleza. Esto significa constatar que hay cosas que producen otras y son a su vez producidas. La subordinación se debe a que lo que una causa produce, y por tanto, la condición misma de su ser causa, depende esencialmente (su ser causa depende de esto) de que sea a su vez producida; por ejemplo, un hombre engendra a otro gracias a que es un ser humano, pero su humanidad hubo de ser producida por otro ser. A este punto de partida se aplica el principio de causalidad bajo esta formulación: "no encontramos, ni es posible, que algo sea causa eficiente de sí mismo, pues sería anterior a sí mismo, cosa imposible". Con esto lo que santo Tomás afirma es que no hay nada que pueda ser causa de sí mismo. En efecto, en cuanto que el efecto depende esencialmente de la causa, ésta ha de ser necesariamente anterior a aquél, pero así las cosas, algo que fuese causa de sí mismo sería algo que estaría ya producido antes de ser producido, lo cual es imposible; por ejemplo el primer ser humano no pudo engendrar su humanidad, pues para eso tendría que haber existido antes de existir.
 
Mas, y aquí radica el tercer fundamento de la prueba, no podemos remontarnos al infinito en la serie de las causas, por cuanto éstas constituyen un orden jerárquico en que unas son principales y otras instrumentales, esto es, en que producen por cuanto a su vez son producidas y así las principales son superiores a las instrumentales; por ejemplo tiene que haber un ser distinto al hombre que sea la causa de su humanidad. Si la serie fuese infinita no habría una causa primera y así tampoco un orden de causas eficientes, lo cual es absurdo por cuanto esto implica la negación de un hecho de experiencia constatable. Así pues, tiene que haber una causa primera que explica la existencia de todas las cosas y que es ella misma incausada. Es lo que entendemos por Dios.

La tercera vía parte de este hecho de experiencia: hay seres que nacen y mueren y por tanto son contingentes o posibles. Pero, o bien todos los seres son contingentes o no. Para Santo Tomás todo ser es contingente, existe pero podría no existir, excepto Dios: ser necesario o que existe necesariamente. Un ser contingente es aquél en que no coinciden esencia y existencia. Por el contrario, en un ser necesario, esencia y existencia se identifican. Así pues, existen seres contingentes que no pueden ser causa de sí mismo, pues en algún momento no existían. En la cadena de contingencias debe haber un ser necesario fundamento de todo ser contingente. Este ser necesario es Dios. 

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