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domingo, 12 de noviembre de 2017

domingo, 5 de noviembre de 2017

Étapas de la conciencia moral







El psicólogo Kohlberg, situado dentro de los convencionalistas, describió muy bien
este desarrollo moral de la conciencia, a través de tres niveles, dentro de cada uno de

Nivel preconvencional

1ª etapa:
(infancia)
El niño pequeño está regido una moral heterónoma que le viene impuesta
desde fuera, es decir, su obediencia a las normas se rige por la
consideración de las consecuencias: el premio o el castigo que sus actos
pueden tener. Las normas son impuestas desde fuera (heteronomía)

2ª etapa:
(infancia)
El niño desea obtener aquello que quiere de modo que respeta las normas
impuestas, si bien, para obtener lo que le interesa, esta actitud se podría
resumir en la fórmula te doy para que me des”. El niño es, pues,
egocéntrico e individualista.

Nivel convencional

3ª etapa:
(adolescencia)
En esta etapa, el adolescente empieza a reconocer que “lo bueno” o “lo
justo” es aquello que asegura la supervivencia del grupo, por lo que el
adolescente se empieza a identificar con los “intereses de todos” (va
abandonando su individualismo). Su moral sigue siendo heterónoma, ya que
acepta las normas del grupo social (de la familia o grupo de amigos, etc.),
buscando la aprobación, ser aceptado y valorado por grupo.

4ª etapa:
(adolescencia)
Es una ampliación de la anterior etapa. Las normas que cumplía para “ser
aprobado” por el grupo social, ahora el las considera un deber ineludible, ya
que habría consecuencias catastróficas si nadie las cumpliera. Aparece así,
la “conciencia del deber” y considera un deber mantener el sistema social.

Nivel Postconvencional

5ª etapa:
(juventud)
La conciencia empieza a regirse por una moral autónoma. Las decisiones
morales adoptadas de forma autónoma, se generan teniendo en cuenta los
derechos, valores y normas que se consideran universalmente aceptables
(como la igualdad, la justicia, etc.), teniendo en cuenta la utilidad que tienen
para la sociedad concreta en que vive, la conciencia moral se rige por el
lema “el mayor bien para el mayor número”. Se trata de un individuo que ha
alcanzado una madurez psicológica y que, de forma libre y racional, elige
valores y derechos comprometidos socialmente.

6ª etapa:
(adulto)
El individuo se rige por principios éticos universales, los que toda la
humanidad aprobaría. Las leyes particulares de cada sociedad (etapa 5) y
las decisiones individuales de la persona, se guían ya en esta etapa por
principios éticos universales como la igualdad de derechos, la justicio, las
libertades básicas (aquellas señaladas en la Declaración Universal de los
Derechos Humanos), y el respeto a la dignidad de los seres humanos. En
esta etapa, el individuo considera los principios morales, como los más
importantes, por lo que juzga las leyes jurídicas y las costumbres sociales
según su grado de cumplimiento de los principios éticos, y no al revés.

martes, 31 de octubre de 2017

La persona, la personalidad y la dignidad

 
 
La persona y la personalidad

Hay diferentes maneras de definir ‘persona’. Una de ellas es esta:
Una PERSONA es un ser capaz de pensar, valorar y decidir sus actos
Aunque todos somos igualmente capaces de pensar, de sentir emociones, de valorar lo que ocurre y de decidir qué queremos hacer, afortunadamente no somos iguales, nadie es igual a otra persona. Todos iguales, todos diferentes, ese debería ser nuestro lema.
Esto hace que nuestras vidas sean irrepetibles e individuales. Lo que no quiere decir, ni mucho menos, que podamos ni queramos vivir sin los otros.
****
Desde siempre se ha intentado clasificar los rasgos de la personalidad. Por ejemplo:
-      Extrovertido / Introvertido. Una persona extrovertida (echada hacia afuera) es una persona que exterioriza o expresa mucho lo que piensa, siente, desea… Una persona introvertida, en cambio, es una persona más reservada, que guarda más sus pensamientos, emociones y deseos. Todos somos extrovertidos e introvertidos, pero en diferentes grados, situaciones vitales y aspectos.
-     
    Neurótico / Equilibrado. Una persona más neurótica tiene habitualmente actitudes que consideramos “negativas”, como la ansiedad, el miedo… Una persona equilibrada se comporta habitualmente de manera tranquila y serena, y suele ver más positivamente las cosas. Todos somos algo neuróticos, pero unas personas más que otras y más en unas situaciones que en otras.
¿Son innatos o aprendidos los rasgos de la personalidad de cada uno?
Aunque el entorno en que nos criamos y en que vivimos influye mucho en nuestra manera de comportarnos, parece que los rasgos esenciales de la personalidad los tiene uno desde su nacimiento.

Por eso, también, nos acompañan durante toda nuestra vida, aunque podemos modificarlos y adaptarlos algo a las circunstancias.

Nuestra personalidad tiene influencia en nuestras motivaciones, en lo que hacemos y lo que queremos, y en cómo lo hacemos y cómo lo queremos hacer.
Sin embargo, una influencia igual, o mayor en ciertos aspectos, la tiene el contexto social (cultural, económico…) en que nos encontramos en cada momento.
 
Definición de DIGNIDAD según el diccionario:
 
Cualidad del que se hace valer como persona, se comporta con responsabilidad, seriedad y con respeto hacia sí mismo y hacia los demás y no deja que lo humillen ni degraden. Así, se habla de
"perder la dignidad; respeta la dignidad de la persona, con todos sus derechos y libertades"
 
Explicación
 

¿Qué es Dignidad?

El término dignidad deriva del vocablo en latín dignitas, y del adjetivo digno, que significa valioso, con honor, merecedor. La dignidad es la cualidad de digno e indica, por tanto, que alguien es merecedor de algo o que una cosa posee un nivel de calidad aceptable.
La dignidad humana es un valor o un derecho inviolable e intangible de la persona, es un derecho fundamental y es el valor inherente al ser humano porque es un ser racional que posee libertad y es capaz de crear cosas. Esto quiere decir que todos los seres humanos pueden modelar, cambiar y mejorar sus vidas ejerciendo su libertad y por medio de la toma de decisiones. La dignidad se basa en el respeto y la estima que una persona tiene de sí misma y es merecedora de ese respeto por otros porque todos merecemos respeto sin importar cómo somos. Cuando reconocemos las diferencias de cada persona y toleramos esas diferencias, la persona puede sentirse digna, con honor y libre. En el Preámbulo de La Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 habla de la "dignidad intrínseca (...) de todos los miembros de la familia humana", y luego afirma en su artículo 1º que "todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos".
La dignidad, en este caso, es positiva y fomenta la sensación de plenitud y satisfacción, reforzando la personalidad. La esclavitud, entonces, se ha usado para personas que no se trataban como tales ni como dignas, es decir, antiguamente se decía que el esclavo no era una persona humana, sino un objeto.
La dignidad también es el respeto y la estima que merece una cosa o una acción. Es una excelencia, un realce de esa cosa o acción.

Libertad y responsabilidad



La libertad. ¿Puedo hacer lo que quiera? 

Todos queremos ser libres. Imagina a alguien que te dijera: "No quiero ser libre, no quiero elegir ni decidir nada...prefiero no tener que elegir'' ¿Qué le contestarías? El filósofo francés Jean-Paul Sartre escribió: "El hombre está condenado a ser libre". Nuestra vida como seres humanos está marcada por un hecho esencial: tenemos que elegir. ¿Qué deporte debo elegir? ¿Qué amigos quiero tener? ¿A qué me quiero dedicar? ¿Debo traicionar a mi amigo o contarle la verdad a un adulto? La libertad consiste, por tanto, en decidir si hacemos esto o lo otro. En la Antigüedad, la libertad era considerada en oposición a la esclavitud. Libre era aquél que podía hacer las cosas por sí mismo, que podía tomar sus propias decisiones. 

Responsabilidad 

La autonomía se gana y con ella se adquieren responsabilidades. Puede que hayas oído alguna vez la siguiente frase que aparece en Spiderman: "Un gran poder conlleva una gran responsabilidad". Esta frase nos recuerda la íntima relación que mantiene la libertad con la responsabilidad. Si somos libres para actuar y para tomar decisiones, entonces debemos hacernos cargo de las consecuencias de dichas acciones o decisiones. Y a la inversa, si somos responsables es porque hemos tenido la libertad suficiente para decidir hacer algo o no. No podemos sentirnos responsables de aquello que está fuera de nuestro alcance. La libertad conlleva poder hacer algo y asumir sus consecuencias.

La sociedad 

Pero nadie está solo, llegamos a ser lo que somos junto a otros. Por ello podemos afirmar que el ser humano es un ser social. Nos necesitamos los unos a los otros para poder vivir. Desde el momento en que nacemos nos encontramos inmersos en la sociedad. Para poder satisfacer nuestras necesidades primarias como alimentarnos, vestirnos, tener un lugar en el que habitar... necesitamos a los demás. Piensa en tu nombre, en tu ropa, en lo que comes cada día... piensa en la cantidad de personas que hay detrás de cada una de estas cosas... rápidamente te darás cuenta de cuánto dependes de otros para vivir. Pero no solo para satisfacer esas necesidades dependemos de la sociedad. Adquirimos el lenguaje y nuestras ideas y creencias en contacto con los otros. Las películas que vemos, los libros que leemos, la música que escuchamos son tan sólo algunas de las cosas que dependen de otros.

Convivencia: dignidad y respeto 

Por tanto, no solo nos necesitamos para vivir, sino que tenemos que convivir. La convivencia requiere que en el uso de nuestra libertad respetemos a los demás y nosotros seamos respetados. Por ello, la convivencia en sociedad se encuentra regida por normas que hacen posible que seamos libres. La libertad establece lo que puedes y no puedes hacer. Así, nuestra libertad tiene unos límites que aparecen cuando aparece el otro. Con el fin de solucionar los conflictos y hacer posible la convivencia, los seres humanos hemos inventado las normas y las leyes. Toda norma tiene dos caras, como una moneda; por un lado limitan nuestras libertades y por el otro las posibilitan. La limitación que me impone la ley de no agredir a nadie garantiza mi Libertad de vivir sin ser agredido.
La convivencia no es fácil. Todos tenemos nuestros propios deseos y pasiones, nuestros sentimientos y emociones, nuestras razones, nuestras aspiraciones y fines. Cada persona tiene unas características propias que le hacen ser quien es: un individuo especial y único. Y como tal, tiene que ser respetado. La convivencia exige el respeto de la dignidad propia de cada uno de nosotros. La consideración de dicha dignidad constituye el respeto.

El diálogo y sus reglas

El diálogo tiene reglas. Unas son evidentes y te las han enseñado desde pequeñito: guarda turno para hablar, escucha a los demás cuando hablen, no te burles de ellos por lo que dicen, etc. Sin embargo, hay reglas más profundas e importantes:
• El lenguaje: todos han de conocer la lengua que se emplea. En ese sentido, hay que respetar la manera de expresarse de los demás, sus acentos o léxico si vienen de otro país e región. Si en tu sociedad se hablan dos lenguas, has de respetar al que quiere expresarse en una u otra lengua. Lo importante es que todas la conozcan.
• La ausencia de coacción: el diálogo ha de ser libre. Todos han de poder decir lo que piensan sin miedo a represalias por lo que se dice. En ese sentido, la autoridad, en tu caso padres y profesores, han de respetar tus ideas, y tú debes respetar al otro.
• Querer llegar a un acuerdo: esta es la más importante. Se trata de que se quiera realmente llegar a un acuerdo que beneficie a todos o al máximo de gente. Si entras en una discusión solo para tener razón o imponer tus ideas, será imposible llegar a acuerdos. Además, hay que tener una verdadera voluntad de que ese acuerdo al que se llegue sea lo mejor.